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Se nos fué Miguel Angel Mori...
13.Apr.2009
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Hoy nos abandonó un GRANDE de verdad, uno de los motores del “Equipo de Jose”, Miguel Angel Mori.


Los que tuvimos la suerte de conocerlo personalmente, sabemos que además de abandonarnos un gran jugador, nos abandona una gran persona, un gran tipo, un maestro también fuera del campo de juego.


Desde aquí queremos mandarle nuestro reconocimiento y abrazo a su familia.


Nuestro pequeño homenaje a él, es esta nota publicada el 27 de Abril del 2.000 en “El Suple Racing” que editaba el diario Ole…


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ENVIADO ESPECIAL. Lo conocían todos en el pueblo. Repartía pan con la canasta en una mano y la pelota en la otra. Si un cliente lo hacía esperar, no le importaba. Se ponía a hacer malabares con su juguete preferido. Miguel Angel Mori no se acuerda bien el año. Apenas le viene la imagen de un amistoso entre Independiente y Sportivo, que fue en esos tiempos de panadero. Tenía ocho años y ya jugaba con los chicos de 10 u 11. Siempre de centro half.


Por esa visita de Independiente, logró una prueba en Buenos Aires. Y a la ciudad se fue. Pero por error apareció en la cancha de Racing, que recién identificó por la predominancia del celeste y blanco. Caminó dos cuadras y llegó a destino. "Siempre pensé que fue una señal esa equivocación", reconoce poco menos de medio siglo más tarde.


Baradero. A más de 150 kilómetros de la Capital. Autopista Panamericana y ruta 41. Una ciudad de 376 años, ubicada entre Zárate y San Pedro, camino a Rosario. Que vivió siempre de la agricultura y ganadería. De los 15 mil habitantes, Mori es el ciudadano ilustre. El 25 de mayo de 1995 le pusieron su nombre al polideportivo municipal, por decisión del Concejo Deliberante, y le entregaron "La orden del Baradero". Mori tiene 57 años y es dueño de la misma panadería artesanal que ahora maneja su hijo y que inauguró su bisabuelo en el siglo pasado.


El prestigio le brotó de sus pies. Tenía 21 años cuando ganó la primera Copa Libertadores como jugador de Independiente. A los 17 había debutado en Primera. A los 22 jugó 50 minutos de la final de la segunda Copa. "No quería pasar de Independiente a Racing". Y a los 23, vivió un triplete que ningún otro futbolista pudo exhibir tan joven. "Viví a mil por hora esos títulos en tan poco tiempo", comenta.


Protagonista por 1966 de un trueque determinado por las circunstancias. Racing venía superando su postergación futbolística, pero el déficit económico alcanzaba cifras aplastantes. Apareció la oferta de Independiente por el pase de José Omar Pastoriza y no se pudo contener a una propuesta tan seductora, que también encerraba a un jugador de la lista integrada por Mura, Decaria y Mori. "Me quería morir cuando cambié el lujo por camisetas rotas, todo mal. No es nueva la crisis. Estábamos concentrados en Ezeiza para la final con Nacional de Montevideo y ya habíamos pedido el micro para irnos. Recién cambiamos de parecer cuando apareció el dueño de la confitería El Aguila y puso 28 millones de pesos de ese momento".


La elección del volante central recayó en Juan José Pizzuti, quien se quedó con Miguel Angel Mori, un pibe que no se había consolidado como el Pato, que completaba con Luis Pentrelli un medio campo inteligente y de buena dinámica.


Mori y Juan Carlos Rulli necesitaban tiempo para recuperar la confianza, pero de a poco se afirmaron en el multicampeón de José. "Vale más la Copa del Mundo que todo lo que pasé en Independiente. Era la primera vez para un equipo argentino. Fue la alegría más grande. Y eso que no pude jugar", explica Mori.


Un choque en una práctica con el Toro Raffo lo dejó afuera. "Me dieron una inyección y enseguida me puse todo hinchado y rojo como un camarón. En este brazo me dieron 38 inyecciones de Decadrón. Tenía seis médicos en el hospital. Crónica tituló Mori al borde de la muerte. Mi papá bajó en el puente Pueyrredón, vio el diario y se quiso morir. Estaba listo... No podía respirar. Ahora ando con un cartoncito que dice que soy alérgico". La final la vio desde la tribuna con el Panadero Díaz.


Fanático de las palomas, uno de sus pasatiempos preferidos en la calma de Baradero, Mori se pasa el día en su campo. "Esto es el paraíso. Tengo mensajeras, corro carreras. Es mi pasatiempo preferido". Las primeras aves las trajo en 1965 de Italia, escondidas debajo del asiento del avión.


Los más gratos recuerdos de Mori vienen de la mano de sus tres años en Racing. "Hice más migas con los muchachos de Racing. Me quedó más simpatía, quiero mucho más a Racing". Las bromas del Yaya Rodríguez o aquella vez que se vino a pique el avión que los llevaba a Bogotá. O cuando la policía mendocina persiguió al Panadero Díaz y a Carrizo creyendo que se habían robado unas fichas del casino. O cuando pensó que habían arreglado el calefón en el vestuario de Racing por la ducha caliente que estaba disfrutando... "Al final era Roberto (Perfumo) que estaba subido a no sé donde y me piyaba desde arriba", recuerda Mori, a quien operaron de la cadera en 1996, en lo que fue su peor momento. "Lo único que hice durante dos años fue ir de la cama al sillón".


Tenía 29 años cuando se retiró. No se recuperó más de una rotura de ligamentos de la rodilla derecha en el Metro 68 contra San Lorenzo. "De domingo a jueves estaba en cama con hielo. Me movía un poquito el viernes y el domingo jugaba". Un año en Newells, dos en Audax Italiano de Chile y la reclusión en Baradero. Su único regreso al fútbol fue en 1985, como entrenador de Sportivo.


"Pasó mucho tiempo, casi no se acuerdan de mí. Menos estando acá en el pueblo", dice Mori. La última reunión entre casi todos los integrantes de El equipo de José fue para el aniversario de los 15 años. "Hacele acordar a Roberto (Perfumo), si lo ves, aquella vez que vino y como estaba medio en pedo se fue para Rosario en vez de para Buenos Aires".


De Racing siempre se acuerdan de él, en Independiente jamás. "Me molestó que ni me hayan invitado a la fiesta de cumpleaños. En Racing no pasa eso. Debe ser porque pasé de uno a otro y salí campeón en Racing. Les debe haber molestado un poco que en el primer partido en cancha de ellos les hayamos dado un baile que mama mía".


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GRACIAS CAMPEÓN!


Germán.-
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