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NUEVOS AIRES ACADÉMICOS - por Bobby Stone
17.Apr.2009
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Racing Club 1 River Plate 0


Veníamos de empatar en La Plata contra el “pincha” en un partido chato, que lo único rescatable y fundamental para estas circunstancias es el no haber perdido y haber sumado un punto de visitante.





Recibir en el Cilindro a River era otro desafío. No sólo estaban los tres puntos en juego, fundamentales para la pelea en la zona de promoción, sino que además se jugaban una serie de circunstancias subjetivas que a la hora de poner en la balanza, el peso era muy notorio; como ser la presión de jugar en la condición de local; los tres puntos ya mencionados, tenían un valor mayor por lo que significaría perderlos y jugar contra la historia paternal, que en la mochila de frustraciones, era un peso excesivo de trasladar.





Todo ello, conformaba un cuadro que hacía ponerse a uno un poco más nervioso de lo de costumbre, porque reconozcamos, el equipo no estaba descollando con su forma de juego. Estaba sólo en la temática de empatar de visitante y tratar de ganar de local, pero sin ningún “plus” como los que relaté precedentemente.





El partido a medida que empezó a correr el reloj, se fue desarrollando con un Racing bien plantado en la cancha. No fueron demasiadas llegadas con situación de gol, pero el dominio de pelota estaba en los albicelestes.





“Tanto fue el cántaro a la fuente, que se terminó rompiendo”. Así es el dicho y así fueron las jugadas de Racing en ir empujando a su rival hasta su propio campo de juego, que el gol maduró tras ir rondando por el área en forma paulatina.





Fue una jugada confusa, bien a lo Racing, donde todos pateaban y los rebotes se sucedían uno tras otro, y de una “pifia” de Luguercio se vuelve a meter el balón en el área millonaria, para ahora sí, darle el toque definitivo y sellar el gol tan ansiado.





Racing jugó un primer tiempo fuera de lo común. Con las limitaciones que sabemos que este equipo tiene, que tan sólo 5 partidos atrás era goleado en forma sistemática. Ahora se hace fuerte y no rifa más pelotas en el campo de juego. Puede ser que las cuelgue a ambos laterales, pero no regala nada.





Un primer tiempo que nadie se hubiera sorprendido si el resultado era más abultado, ya que posibilidades las tuvo, pero no concretó por sus propias limitaciones.





En el segundo tiempo, la cosa cambió. El dueño de la pelota fue River, que a pesar del dominio en el campo de juego, no supo traducir en el marcador. Racing en el segundo tiempo no atacó y supo defender el gol de diferencia, de una manera clara y concreta.





El equipo, como dijera anteriormente, que fechas atrás era vapuleado y goleado sabía defender la diferencia hecha en un primer tiempo de alto vuelo. Migliore, sacó todo lo que le tiraban y las que no sacaba las atajaba y sin rebote.


Los tiempos de un arquero se ven en la continuidad. Caruso Lombardi esto lo entendió muy bien y supo esperarlo. Creo que en cada partido se irá agrandando más esa confianza en sí mismo y la confianza que transmite un arquero, sin lugar a dudas, se transmite a todo el equipo.








Sobre Avellaneda cayó el telón en forma indeclinable con el triunfo académico. Se cortó una racha bastante holgada sobre cierta paternidad. Esta vez no alcanzó con tirarnos la camiseta, aunque se utilizó la” banda roja”. Le faltó al equipo millonario claridad para definir y “actitud” para cambiar el resultado final.


Cosa que a Racing le sobró. Claridad para defender y “actitud” para esperar de pié en una parada muy estoica.





En el final, la emoción embargó las almas que se encontraban en el Cilindro. Las que deambulaban por Avellaneda y las que impávidas detrás de una radio o televisor en el todo el país, no dejaban de asombrarse.





El que suscribe no es escapó de ese encanto. La alegría me envolvió como adolescente se aferra a la emoción de la primera caricia, el primer beso, la primera mirada. La primera mujer.





Así estuve toda una semana. Nunca pude hilvanar una idea para volcarla en el papel. La emoción me tenía totalmente colgado de la estrella más fugaz del firmamento.


Enamorado de mi querida Academia, tan distinta y tan distante aquella que era goleada semanas atrás. Los mismos jugadores abatidos en aquella oportunidad, hoy eran artífices de este encanto. Habían cambiado la actitud.





Le habían cambiado la cara. Habían cambiado el aire.








Rosario Central 0 Racing Club 1





Toda una semana de ensueño. Se venía el enfrentamiento con los “canallas”.


Esta vez no existía ese “plus” que hubo la semana pasada sobre la paternidad tan temida. Había otros miedos, otras circunstancias, otras angustias donde enfrentaríamos a un “candidato” de la “zona de la muerte”. Un rival directo para ganar 3 puntos que eran como 6 o perder 3 puntos que serían como 10.





Ambos estábamos corriendo la misma suerte antes del enfrentamiento. Ambos estábamos en la misma cuerda floja. El movimiento que producía uno, hacía caer al otro.


¿Quién de los dos ganaría la pulseada?





Pregunta que tuvo respuesta apenas se inició el partido, donde hubo un equipo de Racing Club definido, con personalidad y la misma “actitud” que portaba la semana pasada ante la “gallina”. Pero como los “come gatos” nada arriesgaban, pese a tener el compromiso de la localía, se hizo un primer tiempo apático, donde faltó a la cita el “jogo bonito”.





El empate en cero en la primera etapa era el castigo mas justo para ambos.





Ya en la etapa complementaria dos cambios dieron una nueva visión del partido. Por los locales, ingresó el “Equi González”, el que trajo cierto volumen al juego rosarino y por los académicos el ingreso de “Grazzini”, provocó que el balón transitara más por las camisas celestes y blancas.





El caminar del equipo visitante era más aplomado y seguro. No tardó mucho Aveldaño en hacer vibrar el poste derecho del arquero Braun ante un cabezazo. Posteriormente, exactamente a los 26 minutos, Grazzini se llevó la pelota provocando que lo bajaran cerca del ángulo del área grande, sector izquierdo del ataque de Racing. El “tucumano” Sosa fue quien se encargó de la ejecución y marcó la diferencia tan justa como letal para los rosarinos.





Esa diferencia la supo mantener los académicos durante toda la faz complementaria, hasta el pitazo final de Gustavo Bassi.





Nuevamente Racing demostró templanza, serenidad en el fondo. Un Migliore que tuvo un comportamiento ejemplar y que demostró que la tarde en el cilindro contra River, no había sido una casualidad. Martínez y Aveldaño acompañaron al “uno” en el podio de los elogios, por la férrea resistencia que brindaron a los atacantes rosarinos.





Capítulo aparte fue el tema de Mostaza Merlo. Me limito a decir, “eternamente agradecido por todo lo logrado en el 2001”, pero como decía un político de raza, “…primero el movimiento luego los hombres…” yo diría “… primero y siempre primero Racing; luego los hombres…”.








La victoria lograda ante los millonarios me invadió sentimentalmente como para no poder escribir en la semana pasada. Ahora en un partido tan clave, contra Central, no podía tampoco encontrar la vuelta para explicar lo que a veces resulta inexplicable.





Cuando se pierde o se juega mal, me da pie a que la escritura se más fluida. Será cierto lo de la “negra Sosa” cuando canta “…hay que sacarlo todo afuera, para que nada muera…”. Cuando todo está bien, cuando la alegría llena mi espíritu y alma, se me crispan los dedos y las ideas se me van de “garufa”. Hay una licencia que embriaga la ilusión con el desenfreno y las ideas se quedan por mitad del camino.





Total, a ¿quién le importa leer que Racing ganó? Ganó y es suficiente. Fiesta y más fiesta.


En cambio, cuando pierde, cuando las injusticias salen a flor de piel, a este racinguista de alma, no solo quiere largarlo todo para no sentirse peor, sino que también quiere consolarse con usted lector. Con usted, que al igual de la letra de Palito Ortega “a mi me pasa lo mismo que usted” busca en la escritura embriagar a la razón y dejar de tal manera que el corazón acelere sus latidos y llanto le nuble la pantalla de un monitor con letras celestes y blancas.





Amigo lector, estamos hablando del mismo equipo tan criticado por mí semanas atrás, por su poco compromiso de portar una camiseta tan gloriosa como la de Racing. Los mismos jugadores que no podían levantar las piernas para correr una pelota. Un arquero “rebotero”, con miles de circunstancias negativas, incluidos “blupers”, como el gol de carambola del “Bichi” Fuertes y hoy es un frontón en el arco racinguista.





Cambió la “actitud” no los jugadores. Cambió el aire que se respira en este nuevo y limitado Racing. Porque no puedo decir que es un equipo “fantástico”, tiene sus límites. Pero le nació algo que nunca había visto anteriormente, “vergüenza deportiva”. Como el Ave Fénix, supo renacer de sus propias cenizas, de sus propios fracasos, de sus propias limitaciones.





Carusso Lombardi, como su condición de mediático lo pinta, es el galán de este nuevo Racing Club. Ya no me importa que se transforme ante una cámara o un micrófono.


Hoy sacó “chapa” de renovador de un Racing distinto. Hoy sacó “chapa” de ganador de 1 a 0, tanto de local como de visitante.





Hoy sacó “chapa” de ser el merecedor de la confianza de toda la hinchada racinguista para sacar a este Racing a flote de la “zona de la muerte”.





Los logros obtenidos ante River Plate y Rosario Central, le han dado “chapa” a este técnic, de ser el artífice de los “NUEVOS AIRES ACADÉMICOS”





Hasta la próxima


BobbyStone


Roberto Aníbal Roca