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A Racing ya lo sobrepasa el clima externo - De La Nación
27.Nov.2011
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En el griterío ya no distingue las imágenes. Se suceden confusas para Racing. No sabe bien qué pasa a su alrededor. Se sumerge en el ahogo ante Belgrano, con un ancla en los tobillos. La situación viene de antes y, por ahora, lo consume. Tanto que, por ejemplo, le hacen tres goles en un tiempo cuando en todo el Apertura apenas le habían marcado... cuatro. No puede escaparse de una semana que lo atormenta, que lo ata. Salta casilleros entre el desplante de Teo Gutiérrez, las miradas filosas del resto del plantel hacia el colombiano, la tensa espera de Simeone y los mordiscos entre dirigentes que sólo esperan las elecciones. Lo que se encaminaba hacia la lucha por el título termina convirtiéndose en un paulatino hervidero.


Parece un presente increíble para un equipo que anoche dejó el invicto en la 16ª fecha, justo frente a aquel que lleva 17 partidos -incluida la B Nacional- sin derrotas como visitante. Racing se deja arrastrar por la impotencia; se enfrasca en peleas absurdas, como Hauche con Quiroga; al final, se van los dos expulsados. Le falta calma y, por ejemplo, antes de eso no aprovecha la ventaja numérica tras la roja para Ribair Rodríguez, por doble amonestación. No les saca el jugo a las situaciones favorables. No las advierte. Y todo por lo mismo. Valdrá otro dato: ya son ocho los expulsados de Racing en el Apertura, tres consecutivos. Suena a demasiado. Como si la electricidad les recorriera por el cuerpo en cada instante. De un lado y otro de la línea de cal.


Racing anda tan distraído con los factores externos que Belgrano lo sorprendió con un típico planteo de un visitante: el quite continuo con Farré, los pelotazos cruzados y un delantero explosivo, en este caso Pereyra. Fue el atacante el que abrió el marcador con una justeza admirable, tras un pase entre líneas.


Otra situación adversa actuó como un disparador para la bronca. El murmullo se transformó en reproche. Y el cántico se volvió un grito de guerra. La gente tomó a Gutiérrez, que siguió el partido desde un palco, como un emblema contra tanto malestar. "¡Teoo, Teoo...!", bramó el respaldo para el atacante colombiano. O, léase, se hicieron públicas las recriminaciones para todos los demás. Todos. Belgrano quedó como un estático testigo de las peleas de entrecasa. Lo suyo fue otra cosa. Las debilidades de Racing alimentaron los deseos de los cordobeses. Y la esperanza celeste y blanca pareció desmoronarse con el cabezazo a la red de Turus.


Simeone, apuntado por los hinchas en varios momentos, siguió el partido con incredulidad. Un tiro libre fantástico de Gio Moreno le devolvió el color en las mejillas. Pereyra, a esas alturas ya un mal sueño, estiró otra vez la diferencia. Aunque los cambios no le dieron claridad, la Academia se puso a tiro con un toque de Viola. El empate estuvo cerca. Pero Belgrano también tuvo un remate de Mancuello en el palo. Pocas explicaciones habrá encontrado Simeone, que suspendió la conferencia de prensa. Racing se siente dentro de un remolino.


Por Damián Cáceres