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UN FINAL AL ESTILO DE BEETHOVEN - Por Bobby Stone
19.Dic.2015
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Se terminó el campeonato 2015 llamado “Julio Humberto Grondona”, quedando cuartos en la tabla de posiciones con 57 puntos, habiendo ganado 16 encuentros, perdido 5 y empatado 9; Con 40 goles a favor, 23en contra y con el derecho a jugar la Liguilla Pre Libertadores de América.

CAMPEONATO “JULIO HUMBERTO GRONDONA” (Partido 30)

Tigre 0 - Racing Club 0 (Cuarto puesto tabla general)

LIGUILLA PRE LIBERTADORES DE AMÉRICA

Racing Club 2 – Estudiantes de la Plata 1
Independiente 0 – Racing Club 2
Racing Club 1 – Independiente 2

Como se podrá leer precedentemente, los partidos jugados en el final del año fueron aguerridos y en el campeonato demostraron que ante Tigre el equipo estaba exhausto. Si bien no sólo dependía de nosotros poder ingresar a la Copa Libertadores de América en forma directa, otros partidos se jugaron y la realidad fue que si le hubiéramos ganado a Tigre, tampoco lo hubiéramos logrado.

Era necesario no arriesgar tanto y esperar a jugar esa Liguilla con más posibilidades para ganarla con un equipo más descansado y sin lesionados. Así analizado, fue lo correcto.

Esta liguilla trajo mucha tela por cortar.

En el primer partido contra Estudiantes, hubo una queja constante de las autoridades del club de La Plata por la designación del árbitro Néstor Pitana que las mantuvo en forma insistente y sistemática durante toda la semana antes del partido. Ello motivó los resultados tan desacertados que tuvo éste personaje. El partido que se jugaba contra un equipo y contra un árbitro, al que se lo veía más nervioso que los 22 jugadores en el campo de juego.

Prueba de ello, fue que a los 40 segundos de iniciado el mismo, una presunta falta del jugador Francisco Cerro, que no existió, trajo aparejada la primera tarjeta amarilla del partido, condicionando al mediocampista a jugar con cierto temor casi los 90 minutos restantes de juego.

A ello y bajo la circunstancia mencionada, Estudiantes de La Plata despliega un juego clásico de la historia del “pincha ratas” de los años 1960/1970 (para los memoriosos o mayores); es decir un juego sucio, el clásico de “rompe y raje” (el que no se rompió, se rajó).

Ese juego lo sufrió más que ninguno el jugador Marcos Acuña. Como muestra vale un botón: cuando entre dos defensores albirrojos, uno lo golpea por detrás empujándole hacia adelante, otro de frente lo recibe con un topetazo. Nada hizo al respecto Pitana, fue un roce propio del juego, dio a entender.

Al finalizar el primer tiempo, faltando 1 minuto para ello, una nueva falta alevosa a Acuña que lo deja tirado en el campo de juego junto con su agresor quien se quejaba también de estar lesionado; apenas se recuperaron, Pitana dio por terminado el primer tiempo.

Comenzó mal el partido Pitana y al primer tiempo, lo terminó peor.

En el segundo tiempo la cosa no desvarió mucho más de lo sucedido. Todos saben del carácter y las malas reacciones de Marcos Acuña, varias veces nos dejó con diez en partidos importantes, por ende en todas las faltas era número puesto. Por suerte nunca reaccionó, pero pareciera que el tema era sacarlo por tarjeta roja o por lesión, ya que el calibre de éstas cada vez era mayor, hasta que le llegó el turno de golpearlo Jara y en vez de sacarle una tarjeta roja directa, el beneplácito de Pitana, le coloca una segunda amarilla y afuera.

Sin perjuicio de lo narrado, el jugador de Estudiantes de La Plata, Israel Damonte, tenía un pase libre de pegarle a quien fuere por todo el campo de juego y de hecho así lo hizo y Pitaña nunca se enteró de ello.

No sólo estuvo nervioso en el tema faltas el árbitro, tampoco vio un penal inmenso de Pereyra que con su mano, intencionalmente, desvía la pelota en plena área.

Los ánimos estaban caldeados con esta vergüenza del árbitro y sumado a ello la expulsión de Diego Milito en un choque de rodillas, que como mucho hubiera sido una tarjeta amarilla. Era necesario compensar el partido, las autoridades de Estudiantes habían hablado mucho en su contra. Ahora no podrán quejarse.

La frutilla del postre llegó en el minuto 35, cuando Leandro Desábato, en plena área, limpia a Gustavo Bou y no cobró otro penal.

Creo que hablar más del tema es una pérdida de tiempo, lo único que se puede rescatar es que Racing Club llega a la final de la Pre Liguilla Libertadores de América, jugando contra viento y marea. Pese a ello pasó.

Sin la presencia del emblema que significa Diego Milito, por expulsión en el partido anterior, quien siempre le convirtió al vecino, llegamos a la instancia de jugar en el “metegol”.

Realmente fue un domingo espectacular, quizás no tanto por el juego desplegado en el campo, sino por la prestancia y estratégica que Diego Cocca implementó para tal encuentro y la emoción que embargó nuestras almas en los 90 minutos.

Futbolísticamente, el partido fue tenso, no sólo por lo que se jugaba, sino por ser los rivales de siempre. Los dos goles, uno por la garra del mejor delantero que hay en el futbol argentino, a mi ver, y el otro por la certeza, claridad y calidad de un jugador que con más rodaje, dará mucho que hablar como el paraguayo Oscar Romero. Como se dice en el barrio, todavía está verde, pero cuando madure, la rompe.

Dos goles fuera del contexto de un partido chato y mediocre, donde la presión que sufrió el local fue tal, que tirar la pelota para arriba o a los costados fue una constante. Insisto, el planteamiento estratégico implementado por Diego Cocca fue de 10 puntos.

La revancha, para el olvido.

Todo lo logrado en el primer partido se tiró por la borda. Pareciera ser que lo único que había como planteamiento inexorable, era dejar pasar el tiempo como fuere y salir airosos con la diferencia del primer partido.

La presión de la localía fue tan contraria a sus intereses para Racing, como lo fue en el partido anterior al rojo. Realmente fue otro partido donde la emoción comulgó más con la expectativa que con la jerarquía.

El equipo visitante, jugado al todo o nada, fue un ataque constante, donde el gol nunca le llegaba. Racing por su parte tiraba todo lo que recibía y Saja comenzaba a ser la figura (pese a que después fue gran factor en ambos goles visitantes) y algún contra ataque ponía más la pelota en el campo contrario que conmover al arquero Rodríguez.

Capítulo aparte me gustaría decir algo al respecto de Diego Milito. Hoy día jugar con él es jugar con un jugador menos, un hándicap de que no podemos darnos ese lujo (no me insulte de ante mano, espere que termine). No es el mismo del año pasado. Sus dolencias y la falta de velocidad logran, a veces, que quede fuera de las jugadas o se retrasen las mismas o se pierda ese valor tan importante en el futbol que es la sorpresa en el cambio de velocidad. Muchos pensamos y sabemos que es así.
Pero, por otro lado, que quiere que le diga, a veces con un hombre como él en el campo de juego, parado, te pone pelotas al pié para que sólo el que la reciba tiene que empujarla para convertir en el arco.
Él sólo con su presencia, obliga al contrario a que tengan que colocar, como mínimo, dos jugadores dedicados a su marca.
Sólo él es quien milagrosamente une al grupo humano más que al futbolístico.
Por ello, lo quise, lo quiero y lo querré siempre en el equipo de mis amores, que por mera coincidencia es el equipo de sus amores. POR SIEMPRE DIEGO MILITO EN RACING CLUB.

Volviendo al partido, en dos minutos los corazones bombearon más de lo debido. El gol de Rodríguez a los 24 minutos de la segunda parte, parecía que abría las puertas de las esperanzas para llegar al milagro tan deseado del visitante. Ante ello, Racing Club recordó que había salido al campo de juego a jugar futbol y a los 26 minutos, como un anuncio de despedida para todas las almas que se encontraban en el cilindro, un cabezazo de Luciano Lollo, ponía el empate y hacía añicos esa esperanza roja por la cual tanto estaban luchando los visitantes.

En ese gol, una montaña de jugadores, nos regalaron la imagen más preciosa del año 2015. No eran ocho o nueve jugadores uno sobre el otro, éramos miles de almas abrazándonos en un solo sueño, entrar en la Copa Libertadores por segundo año consecutivo.

El gol de la victoria del vecino con 9 jugadores, no hizo mella en la algarabía que estábamos viviendo. Quizás hubo alguna sombra de algún fantasma, de esos que dicen de los gatos enterrados detrás de uno de los arcos, pero se diluyó en pocos minutos. Yo no creo en las brujas, pero que las hay, las hay.

Bien, se terminó el campeonato, con un digno cuarto puesto y con posibilidades en los últimos partidos para pelear por el sub campeonato, pero ello no se dio.
Se ganó la liguilla pre Libertadores de América y con ello se ingresó en el campo internacional nuevamente.

El último partido en casa nos trajo:
La despedida de Diego Cocca, que deja un record como técnico en el historial del Racing Club.
Ver jugar, quizás por última vez, con la camiseta celeste y blanca a Gustavo Bou y a Luciano Lollo (egoístamente deseo que no).
La alegría de todo un cilindro, que pese a la derrota en un partido, tiene como contra partida, que contra Independiente no fue un encuentro de 90 minutos, fue de 180 y en el resultado final ganamos 3 a 2.

Se llegó al final del año, del campeonato, de la liguilla.

Un final donde el silencio tuvo su nota principal, pese a la algarabía de los festejos.

UN FINAL AL ESTILO DE BEETHOVEN.


Hasta la próxima
BobbyStone
Roberto Aníbal Roca